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CULTURE FEATURE | MADRID | SEPTEMBER 3, 2019

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CULTURE SECTION FEATURE, MADRID | SEPTEMBER 3, 2019


INCH BY INCH AGAINST OBLIVION | Conceptual artist Ann Burke Daly photographs the facades of the buildings which served the Franco Dictatorship as centers of detention and torture


PALMO A PALMO CONTRA EL OLVIDO | La artista conceptual Ann Burke Daly fotografía las fachadas de los edificios que sirvieron al franquismo como centros de detención y tortura


BY FRAN SERRATO

The Franco Dictatorship converted Madrid into an immense prison. With the penitentiary complex of La Modelo nearly destroyed by the war and the incarcerated piled into Porlier Prison, the regime decided in 1940 to build a new prison in Carabanchel (later demolished in 2008). In its construction, over four years, more than 1000 political prisoners who were incarcerated in Santa Rita —a school converted into a prison— labored in its construction. The imposing brick building of Santa Rita, located in Eugenia de Montijo street, reopened its doors as a school in 1966. Nevertheless, very few know the dark past of this and of another twenty centers of detention and torture spread throughout the city.

After the Spanish Civil War [1936–1939], the Military Police of the Regional Army [for the new dictatorship] assumed the task of maintaining public order in the capital. In order to do this, they established a network of prisons: sixteen for men and another five for women. The majority of these buildings are still standing. The historian Antonio Ortiz dedicated two years in gathering information regarding these sites. He located the buildings on a map and pointed out that none of them was signaled as a former prison of the dictatorship.“There is no official list of the individuals that passed through these sites. It has to be reconstructed through oral history. They are places of oblivion. They impose non-memory so that people will not know that democracy has been built upon the work of thousands of anti-dictatorship political prisoners who were retaliated against,” explains Ortiz.

A woman walks calmly through the neighborhood of Malasaña. She stops with her camera in front of the Convent of the Comendadoras de Santiago, a building designed in the 18th century by the architect Francesco Sabatini, and she begins to take photographs of the facade inch by inch. Some passersby observe her quizzically, but the American artist Ann Burke Daly knows very well what she is doing. Her new project, Half-Life (A Forensics of Plain Sight), tries to make visible these buildings which served as centers of torture during the dictatorship. Buildings that we live with, that we see every day, but whose history we do not know.

The absence of plaques.

“I discovered that these buildings were centers of torture and places of oblivion, thanks to research with artists from Madrid who I worked with on a previous project,” explains Daly who has lived in Madrid during the past year. This conceptual artist began her new project at the end of 2018 although previously, during various stays in the city, she had already completed other projects that address the Transición [or transition to democracy] and La Movida Madrileña [the cultural transformation and urban youth movement that accompanied the Transición]. She takes as many as 1000 photographs of every facade and then re-assembles the images, each one approximately 17 inches square (50cm) like “a giant skin stretched across the wall,” inviting the viewer to be “a detective at the scene of the crime.”

Daly uses a technique of disintegration of images which she later reassembles, a method she began to experiment with last year at her artist residency at Yaddo, an artistic community located in New York where 66 Pulitzer Prize winners have previously worked. She has already photographed six of the fifteen centers dedicated to repression which are still standing in the capital. Among them, the former women’s prison Quiñones (currently the Monesterio de Nuestra Señora de Montserrat) and the Dirección General de Seguridad [the DGS or dictatorship secret police] located in the Real Casa de Correos in the Puerta del Sol–now–the seat of the regional government. “It is unfathomable that a place like the Palacio de Correos where students, militants, and homosexuals were illegally detained and tortured does not have a plaque on its facade which explains what went on within these walls. The lack of signage is a form of negation,” explains Emilio Silva, president of the Association for the Recuperation of Historical Memory.

The American artist affirms that her work seeks to raise awareness. Her photos are portraits of the scars of places with a silenced memory. “The cracks and slippages of perception are central, because they stage a struggle for meaning a ‘struggle to make sense.’ This work is a cartography of silences,” states Daly, who has just returned to New York. She intends to return to Spain soon to continue the project. In the past she has been supported by institutions such as the Massachusetts Museum of Contemporary Art, Yaddo, The Whitney Museum of American Art Independent Study Program, Yale University, and the Andrew W. Mellon Foundation.

Click to Download [Photo for El Pais: The conceptual artist Ann Burke Daly in her studio with some of her images, by JULIÁN ROJAS. Photo of the newspaper by Daly]

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CULTURE FEATURE | MADRID | SEPTEMBER 3, 2019


PALMO A PALMO CONTRA EL OLVIDO | La artista conceptual Ann Burke Daly fotografía las fachadas de los edificios que sirvieron al franquismo como centros de detención y tortura


BY FRAN SERRATO

El franquismo convirtió a Madrid en una inmensa cárcel. Con las instalaciones de La Modelo casi destruidas por la guerra y los reclusos hacinados en Porlier, el régimen decidió en 1940 levantar un nuevo penal en Carabanchel (derribado en 2008). En su construcción, durante cuatro años, participaron más de mil presos políticos encarcelados en Santa Rita, una escuela reconvertida en prisión. El imponente edificio de ladrillos vistos ubicado en la calle de Eugenia de Montijo volvió a abrir sus puertas como centro educativo en 1966. Sin embargo, pocos conocen el oscuro pasado de este y de otros 20 centros de detención y tortura diseminados por la ciudad.

Acabada la Guerra Civil, la Policía Militar del Ejército del Centro asumió la tarea de mantener el orden público en la capital. Para ello estableció una red de cárceles: 16 estaban destinadas a hombres y otras cinco a mujeres. La mayoría de los inmuebles aún continúan en pie. El historiador Antonio Ortiz dedicó dos años en recopilar la información. Ubicó los centros en un mapa y advirtió que ninguno estaba señalizado como antigua cárcel de la dictadura. “No existe ninguna lista oficial de las personas que pasaron por ellos. Hay que reconstruirlo de forma oral. Son lugares de olvido. Se impone la desmemoria para que la gente no sepa que la democracia se ha construido sobre el esfuerzo de miles de antifranquistas represaliados”, explica Ortiz.

Una mujer camina con parsimonia por el barrio de Malasaña. Se detiene con su cámara de fotos ante el Convento de las Comendadoras de Santiago, un edificio diseñado en el siglo XVIII por el arquitecto Francesco Sabatini, y comienza a tomar imágenes de la fachada palmo a palmo. Unos viandantes la observan extrañados, pero la artista estadounidense Ann Burke Daly sabe muy bien lo que se hace. Su nuevo proyecto, Half-Life: a Forensics of Plain Sight [Media vida: una ciencia forense a simple vista], trata de visibilizar esos inmuebles que durante la dictadura sirvieron como centros de tortura. Edificios con los que convivimos, que vemos a diario, pero cuya historia desconocemos.

Ausencia de placas

“Descubrí que esos edificios eran centros de tortura y lugares de olvido gracias a una investigación con artistas madrileños con los que trabajé en un proyecto anterior”, explica Daly, que ha vivido el último año en Madrid. Esta artista conceptual comenzó su nuevo proyecto a finales de 2018, aunque previamente, y durante sendas estancias en la ciudad, ya había realizado otros trabajos que tratan sobre la Transición y La Movida madrileña. Toma unas mil fotografías de cada fachada y luego organiza las imágenes, de unos 50 centímetros cada una, como “una gran piel, expansiva y estirada sobre la pared” invitando al espectador a ser “un detective en el escenario del crimen”.

Daly utiliza una técnica de desintegración de imágenes que luego reagrupa, un método que comenzó a experimentar el año pasado durante una residencia en Yaddo, una comunidad de artistas ubicada en Nueva York en la que han trabajado 66 premios Pulitzer. Ya ha fotografiado seis de los 15 centros dedicados a la represión que siguen en pie en la capital. Entre ellos, la antigua prisión de mujeres de Quiñones (actual Monasterio de Nuestra Señora de Montserrat) y la Dirección General de Seguridad, situada en la Real Casa de Correos de la Puerta del Sol, hoy sede del Gobierno regional. “No es comprensible que un lugar como el Palacio de Correos, dónde fueron ilegalmente detenidos y torturados estudiantes, militantes y homosexuales, no cuente con una placa en su fachada que explique lo que ocurrió allí dentro. La falta de señalización es una forma de negacionismo”, explica Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.

La creadora estadounidense afirma que su trabajo busca despertar conciencias. Sus fotos son retratos de las cicatrices de un lugar con una memoria silenciada. “Las grietas y los resbalones de la percepción son centrales, porque escenifican una lucha para dar sentido a la historia. Este trabajo es una cartografía de silencios”, reconoce Daly, que acaba de volver a Nueva York. Su intención es volver a España muy pronto para continuar el proyecto. En trabajos anteriores fue becada por instituciones tan relevantes como el Museo de Arte Contemporáneo de Massachusetts, Yaddo, el Museo Whitney de Arte Americano, la Universidad de Yale o la fundación Andrew W. Mellon.

Haz Clic [Foto de El Pais: La artista conceptual Ann Burke Daly, en su estudio con algunas de sus imágenes, JULIÁN ROJAS]

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